Después de su bautismo comenzó el período de cuarenta días de ajuste a las relaciones cambiadas del mundo y del universo, debidas a la personalización de su Ajustador. Durante este período de aislamiento en las colinas de Perea, Jesús determinó el criterio que emplearía y los métodos que aplicaría en la nueva y cambiada fase de la vida terrenal que estaba por inaugurar.
El retiro de Jesús no fue motivado por el propósito de ayunar ni tampoco para la aflicción de su alma. No era un asceta, y había venido para destruir para siempre esas ideas sobre cómo acercarse a Dios. Sus motivos al procurar este retiro eran enteramente diferentes de los que habían motivado a Moisés y a Elías e incluso a Juan el Bautista. Jesús estaba entonces plenamente consciente de su relación con el universo por él creado así como también con el universo de los universos, supervisado por el Padre del Paraíso, su Padre celestial. Ya recordaba plenamente el encargo de autootorgamiento y las instrucciones que le diera su hermano mayor, Emanuel, antes de ingresar en su encarnación en Urantia. Ya comprendía clara y plenamente todas estas vastas relaciones, y deseaba encontrarse a solas, lejos de todos, durante una temporada de meditación, con el objeto de elaborar los planes y seleccionar los procedimientos para el cumplimiento de su ministerio público para beneficio de este mundo y de todos los demás mundos de su universo local.

Mientras estaba en la montaña conversando con Gabriel, el Padre de la Constelación de Edentia apareció en persona ante Jesús y Gabriel y dijo: «Los antecedentes están completos. La soberanía de Micael 611.121 sobre su universo de Nebadon se entroniza por completo a la diestra del Padre Universal. Yo te traigo de Emanuel, tu hermano y patrocinador de tu encarnación en Urantia, la exoneración del autootorgamiento. Ahora o en cualquier momento subsiguiente, en la forma que tú selecciones, podrás dar por terminada la encarnación autootorgadora, ascender a la diestra de tu Padre, recibir tu soberanía, y tomar tu bien ganado gobierno incondicional de todo Nebadon. También doy fe de que se han completado, por autorización de los Ancianos de los Días, los expedientes del superuniverso, relativos a la terminación de rebeliones pecaminosas en tu universo y que se te ha otorgado autoridad plena e ilimitada para enfrentarte con todas y cada una de tales posibles sublevaciones en el futuro. Tu obra en Urantia y en la carne de la criatura mortal está formalmente terminada. De ahora en adelante, lo que hagas dependerá de tu propia elección».
Cuando el Altísimo Padre de Edentia se hubo despedido, Jesús departió largo rato con Gabriel sobre el bienestar del universo y, al enviar a Emanuel saludos, reiteró su promesa de que siempre recordaría, en la obra que estaba por emprender en Urantia, los consejos recibidos en Salvington, antes del comienzo del autootorgamiento.
Durante estos cuarenta días de aislamiento, Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, estaban atareados buscando a Jesús. Muchas veces estuvieron a poca distancia de su morada, pero nunca lo pudieron hallar.