«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

miércoles, 15 de febrero de 2012

El Taoísmo.

Los mensajeros de Melquisedek penetraron hasta el corazón de la China, y la doctrina del Dios único se hizo parte de las enseñanzas primitivas de varias religiones chinas; la que perduró por más tiempo, y que contenía la mayor parte de la verdad monoteísta, fue el taoísmo, y Ganid extrajo de las enseñanzas de su fundador lo que se presenta a continuación:

      
«¡Cuán puro y sereno es el Supremo y sin embargo cuán poderoso y fuerte, cuán profundo e insondable! Este Dios de los cielos es el venerado antecesor de todas las cosas. Si conoces al Eterno, eres esclarecido y sabio. Si al Eterno no le conoces, entonces esa ignorancia se manifiesta como el mal, y así surgen las pasiones del pecado. Este Ser maravilloso existía antes que fueran los cielos y la tierra. Él es verdaderamente espiritual; él está solo y no cambia. Él es ciertamente la madre del mundo, y toda creación gira en torno suyo. Este Gran Único se da a los hombres y así les permite superarse y sobrevivir. Aunque una criatura no tenga sino un poco de conocimiento, podrá aun caminar por la senda del Supremo; podrá cumplir con la voluntad del cielo.
     
«Todas las buenas obras de servicio verdadero proceden del Supremo. Todas las cosas dependen del Gran Origen para la vida. El Gran Supremo no busca alabanzas por sus dádivas. Él es supremo en poder, si bien permanece oculto a nuestros ojos. Incesantemente transforma sus atributos mientras perfecciona a sus criaturas. La Razón celestial es lenta y paciente en sus designios pero segura de sus logros. El Supremo rebasa el universo y lo sostiene todo. ¡Cuán grande y poderosa es su influencia desbordante, su poder de atracción! La verdadera bondad es como el agua que todo bendice y nada daña. Como el agua, la verdadera bondad busca los lugares más bajos, incluso aquellos niveles que otros evitan, y lo hace porque es afín con el Supremo. El Supremo crea todas las cosas, en la naturaleza las nutre y en el espíritu las perfecciona. Y es un misterio cómo el Supremo alimenta, protege, y perfecciona a la criatura sin compelerla. Él orienta y dirige, pero sin presunción. Él asiste en el progreso, pero sin dominación.
      
«El hombre sabio universaliza su corazón. Un poco de conocimiento es una cosa peligrosa. Los que aspiran a la grandeza deben aprender la humildad. En la creación el Supremo se convirtió en la madre del mundo. Conocer a la madre es reconocer su filiación. Es sabio el hombre que considera a todas las partes desde el punto de vista del todo. Relaciónate con cada hombre como si estuvieras en su lugar. Recompensa la injuria con la bondad. Si amas a la gente, la gente se sentirá atraída a ti —no tendrás dificultad alguna en atraerla.
      
«El Gran Supremo todo lo penetra; él está a la diestra y a la siniestra; él sostiene toda la creación y habita en todos los seres verdaderos. No puedes encontrar al Supremo, ni puedes ir a un lugar donde él no esté. Si un hombre reconoce el camino del mal y se arrepiente sinceramente del pecado, entonces podrá buscar el perdón; podrá liberarse del castigo; podrá transformar la calamidad en bendición. El Supremo es el refugio seguro de toda la creación; él es el guardián y el salvador de la humanidad. Si le buscas diariamente, lo encontrarás. Puesto que él puede perdonar pecados, es en verdad el más preciado por todos los hombres. Recuerda siempre que Dios no recompensa al hombre por lo que hace sino por lo que es; por tanto, socorre a tus semejantes sin pensar en recompensas. Haz el bien sin pensar en beneficiarte.
      
«Los que conocen las leyes del Eterno son sabios. La ignorancia de la ley divina es sufrimiento y desastre. Los que conocen las leyes de Dios son liberales de pensamiento. Si conoces al Eterno, aunque tu cuerpo perezca, tu alma sobrevivirá en el servicio espiritual. Serás verdaderamente sabio cuando reconozcas tu insignificancia. Si habitas a la luz del Eterno, disfrutarás de la iluminación del Supremo. Los que dedican sus personas al servicio del Supremo son felices en esta búsqueda del Eterno. Cuando el hombre muere, el espíritu comienza a alzar su largo vuelo en el gran viaje de regreso al hogar».