«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

sábado, 25 de agosto de 2012

La semana posterior a la ordenación.

Después de pocas horas de sueño, cuando los doce se encontraban reunidos compartiendo con Jesús un desayuno tardío, él dijo: «Ahora debéis comenzar vuestra obra de predicación de la buena nueva y de instrucción a los creyentes. Preparaos para ir a Jerusalén». Cuando hubo hablado Jesús, Tomás reunió valor suficiente para decir: «Yo sé, Maestro, que ya deberíamos estar listos para poner manos a la obra, pero temo que aún no seamos capaces de cumplir esta gran misión. ¿Consentirías que permaneciéramos por aquí unos pocos días más antes de comenzar el trabajo del reino?». Y cuando Jesús vio que todos los apóstoles estaban poseídos por el mismo temor, dijo: «Será como habéis pedido; permaneceremos aquí hasta el sábado».
     
Por semanas y semanas llegaban a Betsaida en pequeños grupos sinceros buscadores de la verdad para ver a Jesús, pero llegaba también gente simplemente curiosa. Las noticias sobre él ya se habían difundido por toda la región; llegaba gente deseosa de saber desde ciudades tan lejanas como Tiro, Sidón, Damasco, Cesarea y Jerusalén. Hasta ese momento, Jesús acogía a esas gentes y les enseñaba sobre el reino, pero ahora el Maestro encomendó esta tarea a los doce. Andrés seleccionaba a uno de los apóstoles y le asignaba un grupo de visitantes, y a veces los doce estaban todos ocupados a la vez en esta misión.
     
Trabajaron durante dos días; enseñaban de día y mantenían hasta tarde en la noche sus conversaciones privadas. Al tercer día Jesús fue a visitar a Zebedeo y Salomé y envió a sus apóstoles a que «fueran a pescar, hicieran algo agradable y distinto, o visitaran sus familias». El jueves regresaron para comenzar tres días más de enseñanza.
      
Durante esta semana de ensayo, Jesús muchas veces repitió a sus apóstoles los dos grandes motivos de su misión postbautismal en la tierra:
      
1. Revelar el Padre al hombre.
     
2. Conducir a los hombres a la conciencia de filiación: a que se dieran cuenta por medio de la fe de que eran ellos hijos del Altísimo.

Una semana de experiencias tan variadas hizo mucho bien a los doce; algunos entre ellos hasta empezaron a tener demasiada confianza en sí mismos. En la última conferencia, la noche después del sábado, Pedro y Santiago se acercaron a Jesús diciendo: «Estamos listos; salgamos ahora a conquistar el reino». Y Jesús replicó: «Que vuestra sabiduría iguale vuestro celo y vuestro coraje compense vuestra ignorancia».
     
Aunque los apóstoles no comprendían muchas de sus enseñanzas, no dejaron de comprender el significado de la hermosa y encantadora vida que él vivió con ellos.