«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

sábado, 29 de marzo de 2014

El discurso de despedida

DESPUÉS de cantar el salmo al concluir la última cena, los apóstoles pensaron que Jesús tenía la intención de volver inmediatamente al campamento, pero indicó que se sentaran. Dijo el Maestro:
  
 
«Bien recordáis cuando os envié sin bolsa ni billetera y aun os dije que no llevarais indumentos extra. Recordaréis que nada os faltó. Pero ahora son tiempos difíciles. Ya no podéis depender de la buena voluntad de las multitudes. De aquí en adelante, el que tenga una bolsa, que se la lleve con él. Cuando salgáis al mundo para proclamar este evangelio, disponed de la manera que os parezca más conveniente para vuestro sostén. He venido para traer paz, pero ésta no aparecerá por un tiempo.
     
«Ya ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado, y el Padre será glorificado en mí. Amigos míos, estaré con vosotros tan sólo poco tiempo más. Pronto me buscaréis pero no me encontraréis, porque iré a un lugar al cual vosotros no podéis, por ahora, venir. Pero cuando hayáis completado vuestra obra en la tierra tal como ya he completado la mía, vendréis a mí así como ahora me preparo para ir al Padre. En muy corto tiempo os dejaré, ya no me veréis en la tierra, pero me veréis en la era venidera cuando ascendáis al reino que mi Padre me ha dado».