«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

jueves, 20 de marzo de 2014

La disertación sobre la filiación y la ciudadanía.

Jesús habló a unos cincuenta de sus seguidores de confianza por casi dos horas y respondió a una veintena de preguntas sobre la relación del reino del cielo con los reinos de este mundo, sobre la relación de la filiación con Dios en cuanto a la ciudadanía en los gobiernos terrenales. Esta disertación, juntamente con sus respuestas a las preguntas, puede ser resumida y expresada en lenguaje moderno como sigue:
     
Los reinos de este mundo, siendo materiales, pueden enfrentarse con frecuencia con la necesidad de emplear la fuerza física en la ejecución de sus leyes y para mantener el orden. En el reino del cielo, los verdaderos creyentes no recurrirán al empleo de la fuerza física. El reino del cielo, siendo la hermandad espiritual de los hijos de Dios nacidos del espíritu, puede ser promulgado tan sólo por el poder del espíritu. Esta distinción de procedimientos se refiere a las relaciones del reino de los creyentes con los reinos de gobierno secular y no nulifica el derecho que tienen los grupos sociales de creyentes de mantener el orden en sus filas y administrar disciplina a sus miembros díscolos e indeseables.
     
No hay nada incompatible entre la filiación en el reino espiritual y la ciudadanía del gobierno civil o secular. Es deber del creyente dar al César las cosas que son del César y a Dios, las cosas que son de Dios. No puede haber desavenencia alguna entre esos dos requisitos, siendo uno material y otro espiritual, a menos que sucediera que un César presumiese usurpar las prerrogativas de Dios y demandar que se le rindiese homenaje espiritual y adoración suprema. En tal caso, adoraréis sólo a Dios tratando al mismo tiempo de esclarecer esos líderes terrenales descarriados conduciéndolos de esta manera a ellos también al reconocimiento del Padre en el cielo. No prestaréis adoración espiritual a los gobernantes terrenales; tampoco debéis emplear la fuerza física de gobiernos terrestres, cuyos líderes a la sazón se hayan hecho creyentes para avanzar la misión del reino espiritual.
     
La filiación en el reino, desde el punto de vista de la civilización en avance, debería ayudaros a volveros ciudadanos ideales de los reinos de este mundo, puesto que la hermandad y el servicio son el pilar del evangelio del reino. El llamado al amor del reino espiritual debería actuar como destructor eficaz del impulso al odio de los ciudadanos descreídos y propensos a las guerras de los reinos terrestres. Pero estos hijos que se preocupan de los bienes materiales y que se hallan en las tinieblas nunca van a saber nada de vuestra luz espiritual de la verdad, a menos que os acerquéis a ellos con ese servicio social altruista que es la consecuencia natural de rendir los frutos del espíritu en la experiencia de vida de cada creyente.
     
Como hombres mortales y materiales, vosotros sois efectivamente ciudadanos de los reinos terrestres, y deberíais ser buenos ciudadanos, mejores aun por haber renacido como hijos espirituales del reino celestial. Como hijos esclarecidos por la fe y liberados por el espíritu del reino del cielo, os enfrentáis con una doble responsabilidad de deber hacia el hombre y deber hacia Dios, mientras que voluntariamente asumís una tercera y sagrada obligación: el servicio a la hermandad de los creyentes conocedores de Dios.
     
No debéis adorar a vuestros gobernantes temporales, y no debéis emplear el poder temporal para el adelanto del reino espiritual; pero debéis manifestar a creyentes y no creyentes por igual el ministerio recto del servicio amante. En el evangelio del reino reside el poderoso Espíritu de la Verdad, y dentro de poco yo derramaré ese mismo espíritu sobre todos los seres humanos. Los frutos del espíritu o sea vuestro servicio sincero y amante, son la poderosa palanca social que eleva las razas de las tinieblas, y este Espíritu de la Verdad será vuestro fulcro multiplicador de poder.
     
Manifestad sabiduría y exhibid sagacidad en vuestro trato con los gobernantes civiles incrédulos. Por discreción, mostraos expertos en solucionar desacuerdos menores y en ajustar interpretaciones erróneas de poca importancia. De toda manera posible —en todo lo que no atañe a vuestra lealtad espiritual a los gobernantes del universo— tratad de vivir en paz con todos los hombres. Sed siempre sabios como serpientes pero inocuos como palomas.
     
Deberíais volveros ciudadanos mucho mejores del estado secular como resultado de volveros hijos esclarecidos del reino; del mismo modo los gobernantes de los estados terrestres deberían tornarse mejores gobernantes en los asuntos civiles como resultado de la fe en este evangelio del reino celestial. La actitud del servicio altruista a los hombres y la adoración inteligente de Dios hará que todos los creyentes del reino se vuelvan mejores ciudadanos del mundo; al mismo tiempo, la disposición de quedar un ciudadano honesto y la de la devoción sincera a los deberes temporales hará que ese ciudadano sea más receptivo al llamado espiritual de la filiación en el reino celestial.
      
Hasta tanto traten los gobernantes de los estados terrestres de ejercer la autoridad de dictadores religiosos, los que crean en este evangelio tan sólo podrán esperar dificultades, persecución y aun la muerte. Pero la luz misma que vosotros traéis al mundo, y aun la manera misma en la cual sufriréis y moriréis por este evangelio del reino, esclarecerán finalmente al mundo entero y llevarán gradualmente al divorcio de la política y la religión. La predicación persistente de este evangelio del reino traerá algún día una nueva e increíble liberación, libertad intelectual y libertad religiosa a todas las naciones.
      
Durante las inminentes persecuciones que sufriréis de parte de los que odian este evangelio de felicidad y libertad, vosotros floreceréis y el reino prosperará. Pero correréis graves peligros en tiempos subsiguientes, cuando la mayoría de la gente hablará bien de los creyentes del reino, y muchos en altas posiciones aceptarán nominalmente el evangelio del reino celestial. Aprended a ser fieles al reino, aun en tiempos de paz y prosperidad. No tentéis a los ángeles que os supervisan a que os conduzcan por inquietantes caminos como una disciplina amante diseñada para salvar vuestras almas que hayan caído en el camino de la fácil comodidad.
      
Recordad que estáis comisionados para predicar este evangelio del reino —el supremo deseo de hacer la voluntad del Padre combinado con la suprema felicidad de la comprensión mediante la fe de la filiación con Dios— y no debéis permitir que nada desvíe vuestra devoción de este deber único. Que la humanidad toda se beneficie en el desbordamiento de vuestro ministerio espiritual amante, vuestra comunión intelectual esclareciente, vuestro servicio social edificante; pero ninguna de estas labores humanitarias, ni todas éstas, deben tomar el lugar de la proclamación del evangelio. Estas ministraciones poderosas son los efectos sociales secundarios de las ministraciones aun más poderosas y sublimes y transformaciones forjadas en el corazón del creyente del reino por el Espíritu vivo de la Verdad y por la comprensión personal del hecho de que la fe de un hombre nacido del espíritu confiere la certeza de una hermandad viva con el Dios eterno.
      
No debéis tratar de promulgar la verdad ni de establecer la rectitud por el poder de los gobiernos civiles ni por la vigencia de las leyes seculares. Siempre podéis laborar para persuadir la mente de los hombres, pero no debéis atreveros nunca a forzarles. No debéis olvidar la gran ley de justicia humana que os he enseñado en forma positiva: Cualquiera que sea lo que queréis que los hombres hagan por vosotros, lo mismo haced por ellos.
     
Cuando un creyente del reino es llamado a servir al gobierno civil, que rinda ese servicio como ciudadano temporal de tal gobierno, en forma tal que ponga en evidencia la manera en que el esclarecimiento espiritual de la asociación ennoblecedora de la mente del hombre mortal con el espíritu residente del Dios eterno eleva los rasgos comunes de la buena ciudadanía. Si resulta que un no creyente puede calificar como un superior servidor civil habrá que investigar seriamente si las raíces de la verdad en vuestro corazón no se han secado por falta del agua viva de la comunión espiritual, combinada con el servicio social. La conciencia de la filiación de Dios debe estimular la entera vida de servicio de todo hombre, mujer y niño que posea tan poderoso estímulo para todos los poderes inherentes de una personalidad humana.
     
No debéis ser místicos pasivos ni ascetas insulsos; no debéis llegar a ser soñadores ni vagabundos, que confían supinamente en una Providencia ficticia para que provea aun sus necesidades vitales. Debéis en verdad ser tiernos en vuestro trato con los mortales que yerran, pacientes en vuestras relaciones con los ignorantes, serenos cuando se os provoque; pero también debéis ser valientes en la defensa de la rectitud, poderosos en la promulgación de la verdad y enérgicos en la predicación de este evangelio del reino, aun hasta los fines de la tierra.
     
Este evangelio del reino es una verdad viva. Yo os he dicho que es como levadura en la masa, como el grano de la semilla de mostaza; ahora os declaro que es como la semilla del ser vivo que, de generación en generación, aunque sigue siendo la misma simiente viva, se desarrolla infaliblemente en nuevas manifestaciones y crece aceptablemente en canales de nueva adaptación a las necesidades y condiciones particulares de cada generación sucesiva. La revelación que yo os he hecho es una revelación viva, y deseo que rinda los frutos apropiados en cada individuo y en cada generación de acuerdo con las leyes del crecimiento, el aumento y el desarrollo adaptativo espirituales. De generación en generación este evangelio debe mostrar una vitalidad en aumento y exhibir mayor profundidad de poder espiritual. No debe permitirse que se vuelva meramente un recuerdo sagrado, un mero relato tradicional sobre mí y los tiempos en los que vivimos ahora.
     
Y no olvidéis: no hemos atacado en forma directa ni las personas ni la autoridad de los que se sientan en el trono de Moisés; tan sólo les ofrecimos la nueva luz, que ellos tan vigorosamente rechazaron. Tan sólo los hemos asaltado con la denuncia de su deslealtad espiritual a las mismas verdades que profesan enseñar y salvaguardar. Tan sólo nos pusimos en conflicto con estos líderes establecidos y potentados reconocidos, cuando se interpusieron directamente en el camino de la predicación del evangelio del reino a los hijos de los hombres. Aun ahora, nosotros no los atacamos, sino que son ellos los que buscan nuestra destrucción. No os olvidéis que estáis comisionados para salir a predicar sólo la buena nueva. No debéis atacar las viejas costumbres; más bien habéis de mezclar hábilmente la levadura de la nueva verdad en la masa de las antiguas creencias. Dejad que el Espíritu de la Verdad realice su obra. Dejad que la controversia se produzca sólo cuando los que desprecian la verdad os fuercen a ello. Pero cuando os ataca el descreído obstinado, no titubeéis en defender vigorosamente la verdad que os ha salvado y santificado.
      
A lo largo de las vicisitudes de la vida, recordad siempre que debéis amaros unos a los otros. No luchéis con los hombres, ni siquiera con los incrédulos. Manifestad misericordia aun a los que con desprecio os insultan. Mostrad que sois ciudadanos leales, artesanos nobles, vecinos dignos de encomio, parientes devotos, padres comprensivos y creyentes sinceros en la hermandad del reino del Padre. Y mi espíritu estará sobre vosotros, ahora y aun hasta el fin del mundo.
      
Cuando Jesús hubo concluido sus enseñanzas, era casi la una, y volvieron inmediatamente al campamento, donde David y sus asociados tenían el almuerzo listo para ellos.