«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La salida de Galilea.

Capernaum no estaba lejos de Tiberias, y la fama de Jesús se había difundido por toda Galilea y aun más allá. Jesús sabía que Herodes pronto comenzaría a notar el desarrollo de su obra; por eso pensó que sería mejor viajar al sur y entrar a Judea con sus apóstoles. Un grupo de más de cien creyentes expresaron el deseo de acompañarlos, pero Jesús les habló convenciéndolos de que no acompañaran al grupo apostólico en su viaje por el valle del Jordán. Aunque consintieron en quedarse atrás, muchos de ellos siguieron al Maestro pocos días después.    
El primer día, Jesús y los apóstoles sólo viajaron hasta Tariquea, donde pasaron la noche. Al día siguiente llegaron hasta un punto en el Jordán, cerca de Pella, donde Juan había predicado tan sólo un año antes, y donde Jesús había recibido el bautismo. Aquí permanecieron más de dos semanas, enseñando y predicando. Hacia fines de la primera semana, se habían reunido varios cientos de personas en un campamento cerca de la morada de Jesús y los doce, y habían venido de Galilea, Fenicia, Siria, la Decápolis, Perea y Judea.      

Jesús no hizo ninguna predicación pública. Andrés dividió la multitud en grupos y asignó predicadores para las asambleas de la mañana y de la tarde; después de la cena, Jesús habló con los doce. No les enseñó nada nuevo sino que repasó sus enseñanzas anteriores y respondió a sus muchas preguntas. En una de estas noches, algo dijo a los doce sobre los cuarenta días que había transcurrido en las montañas, cerca de ese lugar.
      
Muchos de los que venían de Perea y Judea habían sido bautizados por Juan y estaban interesados en averiguar más sobre las enseñanzas de Jesús. Los apóstoles mucho progresaron en enseñar a los discípulos de Juan, puesto que en nada desmerecían la predicación de Juan, y además, en esa época, ni siquiera bautizaban a los nuevos discípulos. Pero siempre fue un tropiezo para los seguidores de Juan el hecho de que Jesús, si era realmente todo lo que Juan había anunciado que sería, nada había hecho por sacarlo de la cárcel. Los discípulos de Juan nunca pudieron comprender por qué Jesús no previno la muerte cruel de su amado líder.
      
Noche tras noche Andrés instruía cuidadosamente a sus compañeros apóstoles en la tarea delicada y difícil de llevarse bien con los seguidores de Juan el Bautista. Durante este primer año del ministerio público de Jesús, más de tres cuartos de sus seguidores habían seguido previamente a Juan y habían recibido su bautismo. Este entero año 27 d. de J.C. transcurrió en la tarea sosegada de hacerse cargo del trabajo de Juan en Perea y Judea.