«Ahora que me estoy despidiendo, puesto que ha llegado la hora en que estoy a punto de ir al Padre, me sorprende que ninguno de vosotros me haya preguntado: ¿Por qué nos dejas? Sin embargo, sé que os hacéis estas preguntas en vuestro corazón. Os hablaré claramente, como un amigo a otro. Es realmente beneficioso para vosotros que me vaya. Si no me voy, no podrá entrar en vuestro corazón el nuevo maestro. Debo despojarme de este cuerpo mortal y ser restaurado a mi sitio en lo alto, antes de que pueda enviar a este maestro espiritual para que viva en vuestra alma y conduzca vuestro espíritu a la verdad. Cuando mi espíritu llegue para moraros, iluminará la diferencia entre el pecado y la rectitud y os permitirá juzgar sabiamente en vuestro corazón sobre estos asuntos.
«Mucho aún tengo que deciros, pero vosotros no podéis recibir más ahora. Pero cuando él, el Espíritu de la Verdad, venga, finalmente os guiará a toda la verdad, a medida que paséis a través de las muchas moradas en el universo de mi Padre.
«Este espíritu no hablará de sí mismo, pero os declarará lo que el Padre ha revelado al Hijo, y aun os mostrará las cosas por venir; me glorificará aun como yo he glorificado a mi Padre. Este espíritu sale de mí, y revelará mi verdad a vosotros. Todo lo que el Padre tiene en este dominio es ahora mío; por eso yo os dije que este nuevo maestro se ocupará de lo que es mío y os lo revelará.
«Dentro de muy poco tiempo os dejaré por un corto período. Después, cuando me veáis de nuevo, no será por mucho tiempo, porque ya estaré camino de mi Padre».
Al pausar él por un momento, los apóstoles comenzaron a hablar entre ellos: «¿Qué es lo que nos está diciendo? `Dentro de muy poco tiempo os dejaré', y `cuando me veáis de nuevo no será por mucho tiempo, porque estaré camino de mi Padre'. ¿Qué es lo que quiere decir con este `poco tiempo' y `no por mucho tiempo'? No podemos comprender lo que nos está diciendo».

«Aquí abajo os he enseñado en proverbios y os he hablado en parábolas. Así lo hice, porque erais tan sólo niños en el espíritu; pero está llegando el momento en el que os hablaré claramente sobre el Padre y su reino. Y así lo haré, porque el Padre mismo os ama y desea ser revelado más plenamente a vosotros. El hombre mortal no puede ver al Padre espiritual; por eso vine yo al mundo para mostrar al Padre a vuestros ojos del ser criado. Pero cuando vosotros os hayáis perfeccionado en crecimiento espiritual, podréis ver entonces al Padre mismo».
Cuando los once le oyeron hablar así, se dijeron unos a otros: «He aquí que nos habla claramente. Con seguridad el Maestro vino de Dios. Pero, ¿por qué dice que debe volver al Padre?» Jesús vio que aun entonces no le comprendían. Estos once hombres no podían liberarse de las ideas largamente acariciadas del concepto judío del Mesías. Cuanto más plenamente creían en Jesús como el Mesías, más problemáticas se tornaban estas nociones profundamente arraigadas de un glorioso triunfo material del reino en la tierra.