«Muchos de los que os atacarán son ignorantes de la luz del cielo, pero esto no es verdad de algunos que ahora nos persiguen. Si no les hubiésemos enseñado la verdad, podrían hacer muchas cosas extrañas sin ser condenados, pero ahora, puesto que han conocido la luz y han tenido la presunción de rechazarla, no hay excusa para su actitud. El que me odie a mí, odia a mi Padre. No puede ser de otra manera; la luz que os salva si aceptada, tan sólo puede condenaros si de sabiendas es rechazada. ¿Qué les he hecho yo a estos hombres para que me odien con un odio tan terrible? Nada, excepto ofrecerles hermandad en la tierra y salvación en el cielo. Pero acaso no habéis leído en las Escrituras el dicho: `Y me odiaron sin causa'?
«Pero no os dejaré solos en el mundo. Muy pronto, después que me haya ido, os enviaré un ayudante espiritual. Tendréis con vosotros al que tomará mi lugar entre vosotros, el que continuará enseñando el camino de la verdad, y que aun os consolará.
«Que no se turbe vuestro corazón. Vosotros creéis en Dios; continuad creyendo también en mí. Aunque os debo dejar, no estaré lejos de vosotros. Ya os he dicho que en el universo de mi Padre hay muchos sitios de estadía. Si esto no fuera verdad, no os habría hablado repetidamente de ellos. Yo volveré a estos mundos de luz, estaciones en el cielo del Padre a las que vosotros algún día ascenderéis. Desde estos lugares he venido a este mundo, y ahora ha llegado el momento en que debo regresar a la obra de mi Padre en las esferas en lo alto.
«Si así voy yo antes que vosotros al reino celestial de mi Padre, del mismo modo con certeza enviaré a buscaros para que podáis estar conmigo en los sitios que fueron preparados para los hijos mortales de Dios antes de que existiera este mundo. Aunque debo dejaros, estaré presente con vosotros en espíritu, y finalmente vosotros estaréis conmigo en persona cuando hayáis ascendido a mí en mi universo aun como yo estoy a punto de ascender a mi Padre en su universo más grande. Lo que os he dicho es verdad y es sempiterno, aunque no podáis comprenderlo plenamente. Yo voy al Padre, y aunque vosotros no podéis seguirme, con certeza me seguiréis en las eras venideras».
Cuando Jesús se sentó, Tomás se puso de pie y dijo: «Maestro, no sabemos adónde vas; por lo tanto, naturalmente, no conocemos el camino. Pero te seguiremos esta misma noche si tú nos muestras el camino».
Cuando Jesús escuchó a Tomás, contestó: «Tomás, yo soy el camino, la verdad y la vida. Ningún hombre va al Padre excepto a través de mí. Todos los que encuentran al Padre, primero me encuentran a mí. Si vosotros me conocéis, conocéis el camino al Padre. Y me conocéis, porque habéis vivido conmigo y ahora me veis».

Y cuando Felipe habló así, Jesús dijo: «Felipe, ¡por tanto tiempo he estado contigo y sin embargo tú ahora aun no me conoces! Nuevamente declaro: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo puedes tú pues decir: muéstranos al Padre? ¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre y el Padre esta en mí? ¿Acaso no os he enseñado que las palabras que os hablo no son mis palabras, sino las palabras del Padre? Yo hablo por el Padre y no de mí mismo. Estoy en este mundo para hacer la voluntad del Padre, y eso he hecho. Mi Padre permanece en mí y trabaja a través de mí. Creedme cuando os dijo que el Padre está en mí, y que yo estoy en el Padre, o si no, creedme por lo menos por la vida que he vivido —por mi obra»
Mientras el Maestro se apartaba para refrescarse con agua, los once comenzaron una acalorada discusión sobre estas enseñanzas, y Pedro estaba empezando a pronunciar un largo discurso cuando Jesús volvió y les indicó que se sentaran.