«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

viernes, 14 de diciembre de 2012

El hospital de Betsaida.

En conexión con el campamento junto al mar, Elman, el médico sirio, con la ayuda de un grupo de veinticinco mujeres jóvenes y doce hombres, organizó y dirigió durante cuatro meses lo que debe ser considerado el primer hospital del reino. En este dispensario ubicado a corta distancia al sur de la ciudad de tiendas, se trataba a los enfermos según todos los métodos materiales conocidos así como también mediante las prácticas espirituales de la oración y los incentivos de la fe. Jesús visitaba a los enfermos de este campamento no menos de tres veces por semana y se puso en contacto personal con cada uno de los sufrientes. Por lo que sabemos, no ocurrió ningún así llamado milagro de curación sobrenatural entre los mil afligidos y dolientes que se fueron de este dispensario mejorados o curados. Sin embargo, la vasta mayoría de estos individuos así beneficiados no dejó de proclamar que Jesús los había curado.
 
     
Muchas de las curas efectuadas por Jesús en conexión con su ministerio para los pacientes de Elman mucho se asemejaban en verdad a efectos milagrosos, pero se nos informó que se trataba en realidad tan sólo de esas transformaciones de mente y espíritu que se dan a veces en la experiencia de las personas llenas de esperanza y dominadas por la fe cuando se encuentran bajo la influencia inmediata e inspiradora de una personalidad fuerte, positiva y beneficiosa, cuyo ministerio disipa el temor y destruye la ansiedad.
     
Elman y sus asociados intentaron enseñar a estos enfermos la verdad sobre la «posesión de los espíritus malignos», pero poco fue su éxito. La creencia de que la enfermedad física y los desórdenes mentales podían ser causados por un espíritu así llamado impuro que habitaba en la mente o en el cuerpo de la persona afligida era prácticamente universal.
     
En todos sus contactos con los enfermos y afligidos, cuando se trataba de una técnica de tratamiento o de divulgar las causas desconocidas de una enfermedad, Jesús no desatendió las instrucciones que le impartiera su hermano del Paraíso, Emanuel, antes de embarcarse él en la aventura de la encarnación en Urantia. Sin embargo, los que cuidaban a los enfermos aprendieron muchas lecciones útiles observando la forma en que Jesús inspiraba la fe y la confianza en los enfermos y sufrientes.
     
El campamento se desbandó poco antes de que comenzara la temporada que se caracteriza por la proliferación de los resfriados y las fiebres.