«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

sábado, 22 de diciembre de 2012

La interpretación errónea del sufrimiento. El discurso sobre Job.

Esa misma tarde en Betsaida Juan también preguntó a Jesús por qué tantos seres aparentemente inocentes sufrían tantas enfermedades y experimentaban tantas aflicciones. Al responder a las preguntas de Juan, entre varias otras cosas, dijo el Maestro:
     
«Hijo mío, no comprendes el significado de la adversidad ni la misión del sufrimiento. Acaso no has leído esa obra maestra de la literatura semita —la historia en las Escrituras sobre las aflicciones de Job? ¿Acaso no recuerdas cómo comienza esta maravillosa parábola con la narración de la prosperidad material del siervo del Señor? Bien recuerdas tú que Job estaba bendecido con hijos, riqueza, dignidad, posición, salud y todas las demás cosas que los hombres valoran en esta vida temporal. De acuerdo con las enseñanzas tradicionales de los hijos de Abraham, esta prosperidad material era prueba suficiente del favor divino. Pero tales posesiones materiales y tal prosperidad temporal no indican el favor de Dios. Mi Padre en el cielo ama a los pobres tanto como a los ricos; él no hace acepción de personas.
 «Aunque la transgresión de la ley divina cosecha, tarde o temprano, el castigo, aunque los hombres indudablemente terminan por cosechar lo que sembraron, debes saber que el sufrimiento humano no es siempre castigo por un pecado anterior. Tanto Job como sus amigos trataron en vano de hallar la respuesta verdadera de sus perplejidades. Y gracias a la luz de que disfrutas ahora, no asignarías ni a Satanás ni a Dios los papeles que ambos juegan en esta parábola singular. Aunque Job no encontró, a través del sufrimiento, la resolución de sus problemas intelectuales ni la solución de sus dificultades filosóficas, ganó él grandes victorias; aun cuando enfrentado con la desintegración de sus defensas teológicas, ascendió a esas alturas espirituales en las que podía decir con sinceridad: `yo me aborrezco'; entonces pues se le dispensó la salvación de una visión de Dios. Así pues, aun a través del sufrimiento mal entendido, Job ascendió al plano sobrehumano de comprensión moral y discernimiento espiritual. Cuando el siervo que sufre tiene una visión de Dios, se produce una paz en el alma que sobrepasa toda comprensión humana.
      
«El primero de los amigos de Job, Elifaz, exhortó al sufriente a que ejerciera en sus aflicciones la misma fortaleza que había prescrito a otros en los días de su prosperidad. Dijo este falso consolador: `Confía en tu religión, Job; recuerda que los que sufren son los protervos, no los que son rectos. Debes de merecerte este castigo, o no serías afligido de este modo. Bien sabes que ningún hombre puede ser recto ante los ojos de Dios. Sabes que los malvados nunca prosperan. De todos modos, parece que el hombre está predestinado a sufrir, y tal vez el castigo del Señor sea por tu bien'. No es de sorprender que el pobre Job no hallara gran consuelo en esta interpretación del problema del sufrimiento humano.
      
« Pero el consejo de su segundo amigo, Bildad, fue aun más deprimente, a pesar de su tino desde el punto de vista de la teología aceptada en aquella época. Dijo Bildad: `Dios no puede ser injusto. Tus hijos han de haber sido pecadores, puesto que perecieron; tú debes haber errado, o no sufrirías tanto. Si eres verdaderamente recto, seguramente te librará Dios de todas tus aflicciones. Debes aprender de la historia de los tratos de Dios con el hombre que el Todopoderoso tan sólo destruye a los protervos'.
      
« Y recuerdas tú cómo respondió Job a sus amigos, diciendo: `Yo bien se que Dios no oye mi lamento. ¿Cómo es posible que Dios sea justo y al mismo tiempo no haga caso alguno de mi inocencia? Estoy aprendiendo que no consigo satisfacción apelando al Todopoderoso. ¿Acaso no veis que Dios tolera las persecuciones de los malos contra los buenos? Puesto que el hombre es tan débil, ¿qué posibilidades tiene de que un Dios omnipotente lo tome en cuenta? Dios me ha hecho lo que soy, y cuando él se pone en mi contra, no tengo defensa. ¿Por qué me creó Dios, para que yo sufra de esta manera tan miserable?'
     
«¿Y quién puede criticar la actitud de Job en vista del consejo de sus amigos y de las ideas erróneas sobre Dios que ocupaban su mente? ¿No es acaso cierto que Job ansiaba un Dios humano, que tenía sed de comunicarse con un Ser divino que conociera la condición mortal del hombre y comprendiera que los justos muchas veces deben sufrir, siendo inocentes, como parte de esta primera vida en la larga ascensión al Paraíso? Así pues el Hijo del Hombre ha venido del Padre para vivir tal vida en la carne que lo hace capaz de consolar y socorrer a todos los que de aquí en adelante sean llamados a soportar las aflicciones de Job.
      
«El tercer amigo de Job, Zofar, habló entonces palabras aun menos reconfortantes al decir: `Es tonto que digas que eres recto, si consideras tus sufrimientos. Pero admito que es imposible comprender la forma de obrar de Dios. Acaso haya un propósito recóndito en tus aflicciones.' Y cuando Job hubo escuchado a sus tres amigos, apeló directamente a Dios para que lo ayudara, invocando el hecho de que `el hombre nacido de una mujer, está corto de días, y hastiado de sinsabores'.
     
«Comenzó entonces la segunda sesión con sus amigos. Elifaz se volvió más severo, acusador y sarcástico. Bilbad se indignó por el desprecio de Job por sus amigos. Zofar repitió su consejo melancólico. Job a esta altura se había disgustado con sus amigos y apeló nuevamente a Dios, y ahora apelaba a un Dios justo contra el Dios de la injusticia representado por la filosofía de sus amigos y venerado hasta por su propia actitud religiosa. Luego, Job buscó refugio en el consuelo de una vida futura, en la cual las iniquidades de la existencia mortal pudieran ser rectificadas por mayor justicia. La imposibilidad de recibir ayuda del hombre lleva Job a Dios. Hay una gran lucha en su corazón entre la fe y las dudas. Finalmente, el humano sufriente comienza a ver la luz de la vida. Su alma torturada asciende a nuevas alturas de esperanza y valentía; puede que él siga sufriendo y aun muera, pero su alma esclarecida pronuncia ahora el grito de triunfo, `¡mi Reivindicador vive!'.
      
«Job tenía razón en poner en tela de juicio la doctrina de que Dios aflige a los hijos para castigar a sus padres. Job estaba pronto a admitir que Dios es recto, pero anhelaba una revelación que pudiera satisfacer su alma sobre el carácter personal del Eterno. Y ésa es nuestra misión en la tierra. Ya no se negará a los mortales sufrientes el consuelo de conocer el amor de Dios y de comprender la misericordia del Padre en el cielo. Aunque el discurso de Dios expresado como un torbellino fue un concepto majestuoso para el día en que fue pronunciado, tú ya has aprendido que el Padre no se revela de ese modo, sino que más bien habla dentro del corazón humano con voz suave y baja, diciendo: `éste es el camino; andad por él'. ¿Acaso no comprendes que Dios reside dentro de ti?, ¡que se ha hecho como eres tú para que pueda hacerte como es él!»
     
Luego hizo Jesús su declaración final: «El Padre en el cielo no aflige a propósito a los hijos de los hombres. El hombre sufre, primero, por los accidentes del tiempo y por las imperfecciones que se originan del mal en una existencia física inmadura. Luego, sufre las consecuencias inexorables del pecado —la transgresión de las leyes de la vida y de la luz. Finalmente, el hombre cosecha el fruto de su persistencia inicua en la rebelión contra la gobierno recto del cielo en la tierra. Pero los sufrimientos del hombre no son un castigo personal del juicio divino. El hombre puede hacer, y hará, mucho para disminuir sus sufrimientos temporales. Pero, apártate de una vez por todas de la superstición de que Dios aflige al hombre por mandato del diablo. Estudia el Libro de Job sólo para descubrir cuántas ideas erróneas sobre Dios pueden aun los hombres buenos honestamente albergar; y luego observa cómo aun el dolorosamente afligido Job halló el Dios del consuelo y de la salvación a pesar de estas enseñanzas erróneas. Por fin su fe penetró las nubes del sufrimiento para discernir la luz de la vida que se derramaba del Padre como misericordia sanadora y rectitud perdurable».
      
Juan reflexionó en su corazón sobre estas palabras por muchos días. Toda su vida después de esta ocasión fue considerablemente cambiada como resultado de esta conversación con el Maestro en el jardín, y mucho hizo él, en tiempos posteriores, para que los otros apóstoles cambiaran su punto de vista relativo a la fuente, naturaleza y propósito de las aflicciones humanas más comunes. Pero Juan nunca habló de esta conversación hasta después de la partida del Maestro.