«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

lunes, 10 de diciembre de 2012

Una nueva escuela de profetas.

Pedro, Santiago y Andrés formaban el comité nombrado por Jesús para evaluar a los que solicitaban ingreso en la escuela de evangelistas. En esta nueva escuela de profetas estaban representadas todas las razas y nacionalidades del mundo romano y del oriente, incluso de la India. El plan de enseñanza en esta escuela era aprender y luego poner en práctica lo aprendido. Lo que aprendían los estudiantes por la mañana, lo enseñaban por la tarde a la asamblea junto al mar. Después de la cena, dialogaban libremente sobre lo que habían aprendido por la mañana y lo que habían enseñado por la tarde.
      

Cada uno de los instructores apostólicos enseñaba su punto de vista sobre el evangelio del reino. No hacían ningún esfuerzo por enseñar exactamente igual; no había fórmulas normalizadas ni dogmáticas de las doctrinas teológicas. Aunque todos ellos enseñaban la misma verdad, cada apóstol presentaba su propia interpretación de las enseñanzas del Maestro. Jesús defendía y sostenía esta presentación de la diversidad de experiencias personales en las cosas del reino, armonizando y coordinando infaliblemente estas muchas visiones divergentes del evangelio, durante la hora semanal de preguntas que presidía. A pesar de este alto grado de libertad personal en los asuntos de la enseñanza, Simón Pedro solía dominar el campo teológico en la escuela evangelista. Después de Pedro, Santiago Zebedeo era el que ejercía la mayor influencia personal.
      
Los más de cien evangelistas instruidos durante estos cinco meses junto al lago representaron el material del cual (a excepción de Abner y los apóstoles de Juan) se forjaron más tarde los setenta instructores y predicadores del evangelio. La escuela de evangelistas no tenía todo en común al mismo nivel que lo tenían los doce.
      
Estos evangelistas, aunque enseñaban y predicaban el evangelio, no bautizaron a los creyentes hasta después de haber sido ordenados y comisionados por Jesús como los setenta mensajeros del reino. De todos los que habían sido curados un memorable atardecer en este sitio, sólo siete se contaron entre estos estudiantes evangelistas. El hijo del noble de Capernaum fue uno de los que se entrenaron para el servicio evangélico en la escuela de Pedro.