«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

lunes, 29 de julio de 2013

La enseñanza sobre los accidentes.

Aunque la mayoría de los palestinos comían sólo dos comidas al día, era costumbre de Jesús y los apóstoles, cuando viajaban, pausar al mediodía para descansar y disfrutar de un refrigerio. Así pues, en una de estas paradas del mediodía, camino a Filadelfia, Tomás le preguntó a Jesús: «Maestro, después de haber escuchado tus palabras mientras viajábamos esta mañana, me gustaría preguntar si los seres espirituales tienen que ver con la producción de acontecimientos extraños y extraordinarios en el mundo material y además, si los ángeles y otros seres espirituales son capaces de prevenir accidentes».
      
En respuesta a la pregunta de Tomás, Jesús dijo: «¡Hace tanto tiempo que estoy con vosotros y sin embargo continuáis haciéndome estas preguntas! ¿Acaso no habéis observado que el Hijo del Hombre vive como uno de vosotros y repetidamente se niega a emplear las fuerzas del cielo para su satisfacción personal? ¿Acaso no vivimos todos de la misma manera en que existen los hombres? ¿Veis acaso el poder del mundo espiritual manifestado en la vida material de este mundo, excepto en la revelación del Padre y la curación esporádica de sus hijos afligidos?
      
«Demasiado tiempo creyeron vuestros antepasados que la prosperidad era un signo de aprobación divina; las adversidades, manifestaciones de la ira de Dios. Yo declaro que estas creencias son supersticiones. ¿Acaso no observáis que los pobres reciben con regocijo y en mucho mayor número el evangelio y entran inmediatamente al reino? Si la riqueza es prueba del poder divino ¿por qué se niegan los ricos tan frecuentemente a creer en esta buena nueva del cielo?
     
«El Padre hace caer su lluvia sobre el justo y el injusto; el sol del mismo modo brilla sobre el recto y el que no lo es. Vosotros sabéis de aquellos galileos cuya sangre Pilato mezcló con los sacrificios, pero yo os digo que esos galileos no eran de ninguna manera más pecadores que sus semejantes sólo porque les sucedió esto. También sabéis de los dieciocho hombres sobre los que cayó la torre de Siloé, matándolos a todos. No penséis que estos hombres así destruidos eran más pecadores que todos sus hermanos en Jerusalén. Estos seres fueron simplemente víctimas inocentes de uno de los accidentes temporales.
      
«Existen tres tipos de acontecimientos que pueden ocurrir en vuestras vidas:
      
« 1. Podéis compartir de aquellos acontecimientos normales que son parte de la vida que vivís vosotros y vuestros semejantes en la tierra.
      
« 2. Podéis por casualidad caer víctimas de uno de los accidentes de la naturaleza, o de uno de los infortunios de los hombres, sabiendo plenamente que estos sucesos no están de ninguna manera predeterminados ni son por otra parte producidos por fuerzas espirituales.
      
« 3. Podéis cosechar los frutos de vuestros esfuerzos directos por cumplir con las leyes naturales que gobiernan el mundo.»
      
«Hubo cierto hombre que plantó una higuera en su patio, y después de ir muchas veces a la higuera buscando frutos y al no haber encontrado ninguno, llamó a los viñateros ante su presencia y dijo: `He aquí que he venido por estas tres temporadas buscando frutos en esta higuera y no he encontrado ninguno. Derribad este árbol estéril; ¿por qué tiene que estar aquí ocupando lugar?' El jardinero en jefe respondió a su amo: `Déjalo tranquilo por un año más para que yo pueda cavar alrededor de él y darle fertilizante, y luego el año que viene, si no produce frutos, lo cortaremos'. Así pues, cuando cumplieron ellos con las leyes de la fecundidad, puesto que el árbol estaba vivo y en buen estado, fueron recompensados con una cosecha abundante.
  «En el asunto de la enfermedad y de la salud, debéis saber que los dos estados corporales son resultado de causas materiales; la salud no es la sonrisa del cielo ni es la aflicción, la ira de Dios.
     
«Los hijos humanos del Padre tienen igual capacidad para recibir las bendiciones materiales; por lo tanto, él dona las cosas físicas a los hijos de los hombres sin discriminación. Cuando se trata de los dones espirituales, el Padre se limita a la capacidad que el hombre tiene para recibir estos dones divinos. Aunque el Padre no hace acepción de personas, en su entrega de los dones espirituales está limitado por la fe del hombre y por el deseo de éste de acatar siempre la voluntad del Padre».
     
Mientras viajaban a Filadelfia, Jesús continuó enseñándoles y respondiendo a sus preguntas sobre los accidentes, la enfermedad y los milagros, pero no podían comprender plenamente su instrucción. Una hora de enseñanza no podrá cambiar completamente las creencias de una vida entera, de manera que Jesús halló necesario reiterar su mensaje para decir una y otra vez lo que él deseaba que ellos comprendieran; y aun así, no llegaron a comprender el significado de su misión terrenal hasta después de su muerte y resurrección.