«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

sábado, 13 de julio de 2013

La preparación para la última misión.

Los días inmediatos subsiguientes estuvieron muy atareados en el campamento de Pella; se estaban completando las preparaciones para la misión de Perea. Jesús y sus asociados estaban a punto de emprender su última misión, la gira de tres meses por toda Perea, que tan sólo terminó cuando el Maestro entró a Jerusalén para llevar a cabo su labor final en la tierra. A lo largo de este período, el centro de operaciones de Jesús y los doce apóstoles se mantuvo aquí en el campamento de Pella.
      
Ya no era necesario que Jesús saliera para enseñar al pueblo. Ahora, la gente acudía a él, más numerosa cada semana, de todas partes, no sólo de Palestina sino de todo el mundo romano y del cercano oriente. Aunque el Maestro participó con los setenta en la gira de Perea, pasó mucho de su tiempo en el campamento de Pella, enseñando a las multitudes e instruyendo a los doce. A lo largo de este período de tres meses, por lo menos diez de los apóstoles permanecieron con Jesús.

      
El cuerpo de mujeres también se preparó para salir, de dos en dos, con los setenta para laborar en las ciudades más grandes de Perea. Este grupo original de doce mujeres recientemente había entrenado a un cuerpo mayor de cincuenta mujeres en la tarea de visitar hogares y en el arte de ministrar a los enfermos y a los afligidos. Perpetua, la esposa de Simón Pedro, se unió a esta nueva división del cuerpo de mujeres y le fue confiado el liderazgo del trabajo de las mujeres, bajo la dirección de Abner. Después de Pentecostés, ella permaneció con su ilustre marido, acompañándolo en todas sus giras misioneras; y el día en que Pedro fue crucificado en Roma, ella fue arrojada a las bestias en la arena. Este nuevo cuerpo de mujeres también contaba entre sus miembros con las esposas de Felipe y Mateo y con la madre de Santiago y Juan.
      
El trabajo del reino estaba por ingresar en su fase final bajo el liderazgo personal de Jesús. Y esta fase se caracterizó por su profundidad espiritual en contraste con las de los pasados días de popularidad en Galilea, llenas de multitudes buscadoras de milagros y portentos que seguían al Maestro. Sin embargo, aún había entre sus seguidores gran número de personas que se preocupaban de los bienes materiales, que no llegaron a captar la verdad de que el reino del cielo es la hermandad espiritual del hombre fundada en el hecho eterno de la paternidad universal de Dios.