«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

miércoles, 31 de julio de 2013

La visita a Filadelfia.

A LO largo de este período de ministerio en Perea, cuando se menciona que Jesús y los apóstoles visitaron varias localidades donde se encontraban trabajando los setenta, es bueno recordar que, como regla general, sólo diez apóstoles lo acompañaban puesto que era costumbre dejar por lo menos a dos de los apóstoles en Pella para que predicaran a la multitud. Al prepararse Jesús para seguir viaje a Filadelfia, Simón Pedro y su hermano Andrés regresaron al campamento de Pella para enseñar a la gente allí reunida. Cuando el Maestro dejaba el campamento de Pella para recorrer Perea, no era infrecuente que lo siguieran entre trescientos y quinientos de los acampantes. Cuando llegó a Filadelfia, iba acompañado por más de seiscientos seguidores.
      
Ningún milagro había ocurrido durante la reciente gira de predicación a través de la Decápolis y, a excepción de la cura de los diez leprosos, hasta ese momento no había habido milagro alguno en esta misión en Perea. Éste era un período en el que el evangelio se proclamaba con pleno poder, sin milagros, y la mayor parte del tiempo sin la presencia personal de Jesús ni tampoco de sus apóstoles.
      
Jesús y los diez apóstoles llegaron a Filadelfia el miércoles 22 de febrero, y pasaron el jueves y el viernes descansando de su recientes viajes y labores. Ese viernes por la noche Santiago habló en la sinagoga, y se convocó un concilio general para el atardecer del día siguiente. Mucho se regocijaban ellos por el progreso del evangelio en Filadelfia y las aldeas cercanas. Los mensajeros de David también trajeron la noticia del avance mayor del reino por toda Palestina, así como también buenas nuevas de Alejandría y Damasco.