«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

jueves, 6 de junio de 2013

El nuevo concepto.

 La característica nueva y vital de la confesión de fe de Pedro fue el reconocimiento claro de que Jesús era el Hijo de Dios, de su divinidad incuestionable. Desde su bautismo y la boda de Caná, estos apóstoles le consideraban de varias maneras el Mesías, pero no formaba parte del concepto judío del libertador nacional, que él fuera divino. Los judíos no habían enseñado que el Mesías surgiría de la divinidad; él sería «el ungido», pero apenas si habían considerado que era «el Hijo de Dios». En la segunda confesión, se subrayó el hecho de la naturaleza combinada, la realidad excelsa de que él era a la vez el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios, y sobre esta gran verdad de la unión de la naturaleza humana con la naturaleza divina declaró Jesús que construiría el reino del cielo.
      
Jesús había tratado de vivir su vida en la tierra y completar su misión de autootorgamiento como el Hijo del Hombre. Sus seguidores se inclinaban a considerarlo el Mesías esperado. Sabiendo que no satisfaría jamás esas expectativas mesiánicas, él intentó modificar el concepto de ellos sobre el Mesías en una forma que le permitiera satisfacer parcialmente las ansias de ellos. Pero ahora se había dado cuenta de que ese plan casi no podía ser llevado a cabo con éxito. Por consiguiente, eligió audazmente revelar un tercer plan —anunciar abiertamente su divinidad, reconocer la verdad de la confesión de fe de Pedro, y proclamar directamente a los doce que él era el Hijo de Dios.

      
Durante tres años había proclamado Jesús que él era el «Hijo del Hombre» mientras que durante esos mismos tres años, los apóstoles insistieron en opinar con creciente convencimiento que él era el Mesías judío esperado. Ahora pues, él revelaba que era el Hijo de Dios, y que construiría el reino del cielo sobre el concepto de la naturaleza combinada del Hijo del Hombre y del Hijo de Dios. Había decidido que ya no se esforzaría por convencerlos de que él no era el Mesías. Se proponía en cambio revelar audazmente lo que él es, sin prestar atención a la determinación de ellos de persistir en considerarlo el Mesías.