«Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre de los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder al conocimiento de ese Gran Dios. Os he revelado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos...»

martes, 4 de junio de 2013

En Cesarea de Filipo.

ANTES de que Jesús se llevara a los doce para una breve estadía cerca de Cesarea Filipo, arregló por medio de los mensajeros de David un encuentro con su familia en Capernaum el domingo 7 de agosto. Según los planes, esta visita habría de ocurrir en el taller de barcas de Zebedeo. David Zebedeo concertó con Judá, el hermano de Jesús, que toda la familia de Nazaret se encontraría presente —María y todos los hermanos y hermanas de Jesús— y Jesús fue con Andrés y Pedro para este encuentro. Era indudablemente intención de María y de sus hijos concurrir a esta cita, pero sucedió que un grupo de fariseos, sabiendo que Jesús estaba del otro lado del lago en los dominios de Felipe, decidió visitar a María para averiguar lo que pudieran sobre las andanzas de Jesús. La llegada de estos emisarios de Jerusalén perturbó grandemente a María, y observando la tensión y nerviosidad de toda la familia, concluyeron que Jesús estaba por visitarlos. Por consiguiente se instalaron en la casa de María y, después de llamar refuerzos, esperaron pacientemente la llegada de Jesús. Esto, naturalmente, impidió la partida de la familia para concurrir a la cita con Jesús. Varias veces durante ese día, tanto Judá como Ruth trataron de eludir la vigilancia de los fariseos para enviar un mensaje a Jesús, pero fue en vano.

    
Temprano esa tarde los mensajeros de David trajeron a Jesús el mensaje de que los fariseos estaban acampados en el umbral de la casa de su madre, y por lo tanto él no intentó visitar a su familia. Así pues nuevamente, y sin que fuese culpa de ninguna de las dos partes, Jesús y su familia terrenal no pudieron reunirse.